Delirios.

Y entonces surqué los cielos, rompí las murallas de lo conocido, y llegué a un bosque lejano, en el que nada tenía sentido. Los árboles nacían de las ramas y eran de color turquesa, lentamente a paso milenario crecían hacia los cielos, formando una curiosa espiral de raíces. Los ríos eran de tierra, de un curioso color a sol, pero eran fríos como el hielo, helados como mi corazón. Había lava como tierra, que poco a poco fundía el sol, un sol de color desesperación. Más nada tenía sentido, pues aquella imagen no era en color, era como una película de cine mudo. Esto me hizo darme cuenta, de que todo era una ensoñación, desperté lentamente en una casa en ruinas en medio de la nada. Oía el reptar de una serpiente en la oscuridad, y el ulular de los búhos en la lejanía de los árboles.  Los peligros se acercaban, así pues ya era era hora de dormir, ¿pues no dice aquel dicho si no los veo, no me ven? Más pobre tonta de mí, cuán ingenua fui en aquel momento. Ahora vivo en el mundo de los muertos, ya no puedo soñar, no puedo sentir. Me tendré que limitar a levitar, desafiar a las leyes que rigen el universo. Intentar recordar lo que sentí en aquel páramo gris... Simplemente recordar como era sentir.

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