Y como si mentes empáticas fuéramos, los dos nos tumbamos la vez. Yo debajo, el encima. Cerca, muy cerca, su rostro sobre el mío. No pensaba en nada, no podía pensar. Solo miraba sus ojos, ojos que me hacían suspirar. Sintiendo su calor, alejándome de él, queriendo huir y sin poder. Y cuando pensé que todo acababa ahí, que no osaría acercarse más, que no le tendría que mirar… entonces lo vi, vi el brillo en su mirada, y me hipnotizó. Cuando sus labios casi me rozaban, cuando sentía su aliento, el vaivén de mi respiración me delató… Desperté, y lamente que solo hubiera sido un sueño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario